Es bien conocido que el capitalismo tiene una fuerte dependencia con el desarrollo tecnológico y, viceversa, que merced al capitalismo la humanidad ha disfrutado de, o sufrido, los mayores avances tecnológicos de su historia. Sin embargo, esta relación no es lineal y balanceada; no es un desenvolverse simultáneo y natural de cada uno, que más tarde fuera a revelar la coincidencia mutua. Ella no puede ser solamente narrada, ilustrada historiográficamente como conjuntos de puntos (hitos) dados cuya codeterminación es inequívoca.

El desarrollo del capitalismo y de la tecnología no son captados en toda su complejidad si se visualizan como aquel de las líneas paralelas que se cruzan en el infinito, destinos ligados ante un devenir ciego. Esta es la visión que se desprende de aquellos análisis que reducen, en mayor o menor grado, el papel de la tecnología al de motor del desarrollo económico, mientras que el capitalismo se nos presenta como el único modo de organización social capaz de dar lugar al conjunto de condiciones materiales y valores culturales desplegados por la tecnología actual. Estas visiones coquetean peligrosamente con esencialismos y reduccionismos que de ordinario conducen a valoraciones acríticas y positivistas del desarrollo tecnológico, o a condenas directas y tajantes de la tecnología como un todo. Ambas posturas, que podríamos llamar tecnomesiánicas y tecnófobas, rehúsan hacer un análisis filosófico, y aun científico, de las técnicas, instalándose en la exégesis incondicional o el rechazo radical.

Quisiéramos mostrar a lo largo de nuestra investigación que esta polarización valorativa de las técnicas, que impide el desarrollo de una crítica objetiva con pretensiones constructivistas, es debida a otra polarización subtendida a ella: aquella que se da entre las esferas técnico-productiva y cultural de la sociedad. Esta separación neta, tanto profesional como socio-cultural y académica, es una rémora para la tecnología misma, que de este modo no es captada en su verdadero ser y, con ello, es privada de su potencialidad como instrumento al servicio de la humanidad y de la propia naturaleza. Vayamos más allá: tanto las perspectivas mesiánicas como apocalípticas niegan cualquier tipo de potencialidad a la tecnología, que deviene puro acto, cosa dada, misterio religioso: profecía que se realiza al formularla. Así lo constata Gilbert Simondon:

La cultura es injusta hacia la máquina no sólo en sus juicios o prejuicios, sino también en el nivel mismo del conocimiento: la intención cognitiva de la cultura hacia la máquina es sustancializante; la máquina está encerrada en esa visión reductora que la considera como perfecta y consumada en ella misma, que la hace coincidir con su estado actual, con sus determinaciones materiales. Hacia el objeto de arte, una actitud similar consistiría en reducir un cuadro a una cierta extensión de pintura seca y resquebrajada sobre una tela extendida. Hacia el ser humano, la misma actitud consistiría en reducir al sujeto a un conjunto fijo de vicios y de virtudes, o de rasgos del carácter (1).

Nos gusta, por eso, pensar en la tecnología como campo de fuerzas penetrado no sólo por lo humano-actual, sino también por las diversas disposiciones latentes de lo humano y por los entornos ecológicos en que ellas se realizan o buscan realizarse. Creemos conveniente describir a las tecnologías contingentes como materialidades efectuadas por la combinación de diversos factores que, activadas desde lo humano-actual, lo trascienden y superan. En cierto sentido, las técnicas desarrolladas por el hombre son anteriores a él en tanto que manifestaciones de una realidad que le precede. Ellas sólo se particularizan –o concretan- según ciertas direcciones accesibles al hombre; de la misma forma, en el campo de potenciales de tal cultura humana, afloran formas técnicas que le son específicas, que le dan coherencia. Se realizan aquí y ahora, entre nosotros; la promesa de su factibilidad forma parte de un modo de funcionamiento que no nos es exclusivo.

Queremos con ello decir que la existencia de objetos técnicos se debe a potencialidades tendidas y extendidas por la naturaleza: estas potencialidades se desarrollan según mecanismos que se nos antojan familiares a lo que Deleuze-Guattari llaman agenciamientos. Pero, ¿qué es un agenciamiento? Estamos aún lejos de saberlo. Sírvanos de definición preliminar esta escueta descripción de  Deleuze: “El territorio crea el agenciamiento. El territorio excede a la vez el organismo y el medio, y la relación entre ambos; por eso el agenciamiento va más allá también del simple “comportamiento”“. El agenciamiento es “un sistema semiótico, un régimen de signos” por el cual un organismo y el medio en que vive se constituyen en territorio. Cambiar de territorio supone cambiar de agenciamiento (2).

Volveremos sobre estos conceptos. Por el momento, nos basta observar que determinados principios y condicionantes del devenir técnico pueden ser rastreados en la biología, y particularmente en la biología de poblaciones (*). En un capítulo posterior intentaremos establecer una relación analógica entre la técnica y el concepto de agenciamiento, con el fin de ilustrar ese término tan empleado hoy día, el de “sostenibilidad”.

Pensamos que nuestra comprensión de lo tecnológico es refractaria a determinismos en tanto que no admite ciegamente las tecnologías actuales como inevitables; por otra parte, considera que las condiciones culturales de una colectividad humana concreta buscan proveerse de coherencia a través de lo técnico, sin que esto impida la aparición, más o menos fortuita, de tecnologías incoherentes con las formas sociales y culturales en que se desarrollan.

Tras estos prolegómenos, entendemos que la pregunta: ¿cuál es el papel de la tecnología en la cultura?, no puede ser respondida a la ligera (y mucho menos, la pregunta sobre el supuesto destino que liga a la tecnología y el capitalismo). Sí podemos anunciar que la tecnología es decisivamente sensible a las distintas configuraciones sociales de lo humano. De la misma forma, la tecnología producida en tales o cuales condiciones anticipa, en su diseño, diversos efectos. Más allá de lo estrictamente material, los objetos técnicos refuerzan o alteran ciertas relaciones, inscriben tales valores y rompen con otros.

Sirva esta introducción para presentar la investigación que nos ocupa y que iremos ampliando en lo sucesivo, empleando este blog como “cuaderno de notas” para dar cuenta de nuestros avances. ¿Dar cuenta a quién? A quienquiera esté interesado en un pensamiento sobre la tecnología, a compañeros, amigos, managers, clubes de fútbol, a nosotros mismos.

* * * * *

(*) Así, nos parece que un ejemplo de agenciamiento es el caso recientemente célebre de las hormigas supersoldado. Científicos canadienses aplicaron hormonas a larvas de una variedad de hormigas Pheidole para obtener supersoldados, una casta rara de soldados gigantes que no se había encontrado en dicha variedad y que sólo es generada por algunas colonias ante cambios radicales en el medioambiente. Según el doctor Abouheif, ello “muestra que algo que aparece en unas pocas especies puede ser intrínseco a varias especies y que el camino evolutivo es retenido por todas ellas, aunque cerrado por la mayoría.”(3)

BIBLIOGRAFÍA:

(1) SIMONDON, Gilbert. Del modo de existencia de los objetos técnicos. 1ª edición. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007.
(2) DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Felix. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. 5ª edición. Valencia: Pre-textos, 2002.
(3)http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/01/120106_hormgas_supersoldados_ra.shtml

Anuncios

Acerca de Jose Carlos Cañizares

Jose Carlos Cañizares es filósofo e ingeniero de telecomunicaciones. Interesado en trazar caminos entre ambas disciplinas, hace un año concibió este blog como parte de un proyecto a largo plazo en el que desea organizar un análisis exhaustivo, interdisciplinar y lo más objetivo posible sobre la ciencia y la tecnología -más allá de lo estudiado en las escuelas y academias técnicas tradicionales. Este enfoque viene a caer dentro de lo que en Estados Unidos se denomina STS (Science, Technology & Society), un área de estudios reglada, relativamente moderna y de prestigio creciente. Con esa idea como trasfondo, viene investigando de forma independiente (también puede decirse: en la sombra) y ahora se decide a publicar los primeros resultados de esta investigación. Espera atraer a otros colegas investigadores en la materia y generar estudios de interés para universidades y para la sociedad en general. En última instancia, su trabajo en SeC y en Ecologías Tecnhohumanas debería también servir como portfolio a considerar para futuras solicitudes de ingreso en programas de STS (sean de postgrado o máster) en universidades internacionales. Pero sobre todo, espera seguir trabajando con mucha ilusión y aumentar y mejorar su producción gracias al esfuerzo diario. Además, Jose Carlos escribe ensayos, aforismos y poemas para la revista de vanguardia http://www.homovelamine.com/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s