¿Cerebros en la cubeta? Una teoría de la referencia con imaginación

He escrito este ensayo para una de las últimas asignaturas de la carrera, pero confío en publicarlo en alguna revista para verano, una vez que le haga los dos o tres retoques de rigor. Se trata de una crítica a las teorías realistas de la referencia, que dirijo contra el argumento central de Hilary Putnam en su famoso artículo de 1981, “Cerebros en la Cubeta”. Por las necesidades de los temas tratados, algunas partes del texto son bastante áridas, pero también he tratado de echarle algo de sal aquí y allá. Espero que alguno de vosotros se atreva con él y lo disfrute.

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¿Qué es Ciencia, Tecnología y Sociedad?

Este artículo os presenta la disciplina de Ciencia, Tecnología y Sociedad (STS), que es mi área de investigación natural y cuyos temas están en el centro de mis demás indagaciones filosóficas. Sirva este corto y sintético texto para popularizar a la disciplina como tal, así como para ofrecer una imagen esquemática de su objeto de investigación. Como se subraya una y otra vez en el texto, esta disciplina no vale nada sin su orientación práctica. Esta no es otra que la de mejorar la comprensión de la actividad científica y tecnológica desde planteamientos (¿post-?)humanistas, con especial énfasis en el papel de usuarios, consumidores y legos en los procesos de absorción, uso y mejora de los productos tecnocientíficos.

Descarga el artículo aquí.

Opúsculos Filosóficos

Debido a mis obligaciones académicas, me ha sido imposible seguir dedicándome con total exclusividad a los temas que venía tratando en este blog. Este tiempo no lo he tirado a la basura -lo he empleado en enriquecer mi fondo de armario filosófico, esperando un momento más adecuado para devolver la centralidad a los problemas que más me importan. Pero este trabajo me ha ayudado también a posicionarme en una serie de problemas, no de menor importancia.

He recogido, editado y compilado algunos de los textos que elaboran y discuten estos posicionamientos en una colección, bajo el nombre de Opúsculos filosóficos. Ahora te doy la oportunidad de leerlo. Entre ellos encontrarás pequeños ensayos sobre problemas de la filosofía del lenguaje, filosofía de las matemáticas o epistemología, pero también ensayos más gamberros y atrevidos de filosofía política, así como algún texto inspirado en la tradición de la teoría crítica.

Los títulos que encontrarás son los siguientes:

Manifiesto por una Biología Trascendental

Apetitos de la sangre deconstruida

Nosotros, plurales y diversos

Construcción, paisaje y mediocridad

Uno Afectivo y Uno Discursivo

Sobre una ecología de la creencia

Lenguaje, matemáticas y magia: la utilidad de la filosofía

Las Provincias Federadas de la Idea

Impugnación al logicismo lingüístico

Matemáticas, simpatías y antipatías

Infinito, esa promesa

Puedes descargar Opúsculos Filosóficos aquí. A lo largo de las próximas semanas, trabajaré en una versión en inglés para estos escritos, que colgaré en la web gemela de MisInvestigacionesSTS, MySTSsketchbook.

Pasión futurista y materialismo histórico

Aquí podéis descargaros una versión provisional de este ensayo:

Pasión futurista y materialismo histórico

Tecnología y donación intersubjetiva de sentido

Technology and intersubjective donation of meaning

Este es un borrador (en inglés) del paper en que trabajo actualmente. Debería publicar la versión definitiva para Junio o Julio.

Cibernética (II): correlación de frecuencias y resonancia. Aplicación de los conceptos a la problemática social.

Del estudio del termostato -u homeostato- de Ashby, y de sus propias investigaciones con máquinas autorreguladas, Wiener subraya el estrecho vínculo existente entre los procesos de feedback y la búsqueda de propósito, del cual el termostato es una forma extremadamente simple. En Pickering encontramos una sencilla descripción de dicho dispositivo:

Cada homeostato era construido de forma que si su aguja escapaba demasiado de su posición central, un relé sería activado, haciendo que el dispositivo se reconfigurara a sí mismo aleatoriamente. (1)

Es decir, la aguja del termostato está confinada al trabajo en feedback negativo (ver post anterior) (2) entre dos límites de funcionamiento. Si la aguja opera en el interior de dicho margen, el feedback tiende a llevarla a la posición central; pero más allá de los mismos, el feedback no es operativo, y la máquina entra en inestabilidad. Por ello, se hace preciso agregar a la máquina un dispositivo que desacople al sistema de su estado inestable, y lo reconduzca al equilibrio. Este trabajo es llevado a cabo por el relé.

Inmediatamente Wiener extrae la analogía biológica, asimilando este funcionamiento de feedback y propósito-corrección a la kinestesis o cinestesia. Etimológicamente, cinestesia es “sensación o percepción del movimiento” (3): denota a las sensaciones experimentadas por un individuo animal como resultado del conjunto coordinado de procesos de comunicación que tienen lugar entre todas las terminaciones y centros nerviosos del cuerpo de dicho individuo. La cinestesia proporciona al individuo dos tipos de sensibilidad: sobre su ser en equilibrio o “interoceptiva”, y sobre su ser en movimiento, postural o “propioceptiva”; es percepción del propio equilibrio y coordinación de las distintas percepciones, al tiempo que percepción unificada de su ambiente, así como de los movimientos que en él realiza el individuo (4).

La cinestesia es, por tanto, un sistema de comunicación nerviosa que pone en juego al aparato locomotor, a los sentidos y al cerebro humano a través de una lógica determinada, constituyéndose dicho sistema en coordinador de la experiencia que -en este caso- el ser humano recibe de sí mismo y de su ambiente. Frente a todas las múltiples formas de darse del ser interior y los objetos exteriores, la cinestesia organiza la experiencia humana de forma que el ser humano se percibe a sí mismo como individuo y, al tiempo, como parte de un mundo donde las multiplicidades exteriores revelan la consistencia general del todo, del mundo que a ellas las contiene. Este modo de organizar o estabilizar la experiencia ha sido tratado específicamente por varios filósofos. Kant ofrece el primero y más conocido estudio de las cinestesis y, poco antes de los trabajos de Wiener en la materia, Edmund Husserl reconoce a los mecanismos cinestésicos como procesos fundamentales de la coordinación sensorial de los individuos, procesos que, partiendo de una percepción de multiplicidades, organizan la experiencia en torno a “centros intencionales” (5) y proporcionan sensación de equilibrio y consistencia al hombre inmerso en su ambiente, u hombre-en-el-mundo. Leamos las palabras del propio Husserl sobre la cinestesia:

Previamente, nuestra mirada se había dirigido a la multiplicidad de “presentaciones” [o facetas] de una y la misma cosa […]. Pronto advertimos que estos sistemas de “presentaciones de” están a su vez relacionados con las correlativas multiplicidades de procesos cinestésicos que adquieren el peculiar carácter del “Yo hago”, “Yo me muevo” (a los que incluso el “Permanezco quieto” debe añadirse). Las cinestesias son diferentes de los movimientos del cuerpo vivo que se presentan meramente como aquellos de un cuerpo físico, mas son aun, de alguna forma, unas con ellos, perteneciendo al propio cuerpo vivo con su carácter ambivalente (cinestesis internas, movimientos externos físico-reales). Si preguntamos acerca de este “pertenecer”, advertimos que en cada caso “mi cuerpo vivo” requiere particulares y extensas descripciones, que él tiene sus peculiaridades especiales en la forma de exhibirse a sí mismo en multiplicidades. (6)

Sin embargo, esta sensación de validez y coherencia proporcionada por las cinestesis no es fija, sino que está sometida a desplazamiento y corrección, un proceso caracterizado por lo que Husserl llama “alteración de validez”:

En una percepción continua, una cosa está ahí para mí en la inequívoca certeza óntica de su inmediata presencia -aunque debo añadir: normalmente; pues sólo cuando, dado el libre juego de mis cinestesis, yo experimento “presentaciones” concurrentes como pertenecientes a ella, es entonces sostenida la conciencia de una cosa en su presencia fáctica, exhibiéndose a sí misma como tal en sus diversas formas. Pero si pregunto qué viene implicado en el hecho de que las “presentaciones de las cosas” pertenecen a las mudables cinestesis, reconozco que una oculta relación intencional “si-entonces” está funcionando aquí: las “presentaciones” deben ocurrir en cierto orden sistemático; es de esta forma que vienen dadas, en expectativa, en el curso de una percepción armoniosa […]

A menudo, sin embargo, una fractura se da en esta armonía: lo que es se transforma en ilusión o simplemente en ser-dudoso, ser-meramente-posible, ser-probable, ser-después-de-todo-no-completamente-ilusorio, etc. La ilusión es deshecha a través de la corrección, a través de un cambio en el sentido en que la cosa había sido percibida. (7)

En el termostato de Ashby, el relé reconoce el estado de inestabilidad y genera salidas aleatorias hasta conseguir confinar de nuevo a la aguja entre sus márgenes de operación; funciona como nuestra intuición cuando tratamos de corregir, palpando a tientas, el camino en la oscuridad. En cambio, un termostato sin relé funcionaría, según Wiener, como el enfermo de tabes dorsal. Este síndrome, producido por la sífilis, supone la incoordinación motora o cinestésica. Como consecuencia, un enfermo de tabes no podrá agarrar fácilmente un lápiz, por ejemplo; y si yerra el primer intento, se verá incapacitado para atinar los siguientes, e incluso oscilará cada vez más lejos respecto de la posición del lápiz (8). Es decir, el sistema cinestésico del enfermo de tabes es incapaz de alterar la validez de sus resultados (maniobras) subsiguientes a partir de los resultados anteriores. Como explica Wiener, sus cinestesis adolecen de un feedback adecuado y, al entrar en inestabilidad el sistema, las oscilaciones crecen fuera del control del individuo, haciendo la vuelta a la estabilidad imposible (a diferencia de los ataques epilépticos, por ejemplo, donde la inestabilidad es sólo transitoria). Diríamos que el individuo con tabes vive, permanentemente, a tientas en una oscuridad impenetrable; su mundo percibido es, en cierto sentido, completamente ilusorio, pues es incapaz de lograr centrar y dar unidad operativa a sus percepciones de forma armónica y estable.

Debemos ahora hablar de la lógica sensorial que consigue realizar lo que venimos denominando cinestesis. Habíamos de suponer, por nuestra propia experiencia y tras leer este extracto de Husserl, que los diferentes sentidos, centros de recepción nerviosa y de organización de la locomoción funcionan de forma coherente, estable y coordinada. Pues ellos nos muestran esas multiplicidades externas e internas como surgidas de algo consistente, algo que definitivamente es. Esta organización de las percepciones es descrita por Wiener en el transcurso de sus investigaciones neurofisiológicas como un proceso de sincronización o correlación de frecuencias distribuidas. Es decir, los diferentes sistemas de comunicación nerviosa aparecen como una distribución uniforme de frecuencias que, en el ser humano, se aloja alrededor de la banda de 1/10 segundos (o diez ciclos/segundo), que es el ritmo alfa del cerebro.

Este es un dato de importantes consecuencias ontológicas. El ritmo alfa del cerebro es algo así como una “frecuencia de barrido” que lleva al cerebro a recibir y enviar impulsos aproximadamente cada 0.1 segundos. El cerebro se nos aparece como un resonador que funciona a un cierto ritmo. Pero el aspecto clave es que, lejos de ser lograda esta sincronización o correlación a través de la imposición de un patrón frecuencial procedente de un organismo central, (por ejemplo, el propio cerebro) la sincronización ocurre a través de la interacción entre ritmos diferentes procedentes de subsistemas nerviosos diferentes:

Consideren la posibilidad de que el cerebro contenga un número de osciladores de frecuencias cercanas a 10 ciclos por segundo, y que dentro de ciertas limitaciones estas frecuencias puedan ser atraídas las unas hacia las otras. Bajo tales circunstancias, las frecuencias pueden ser empujadas hacia macizos o núcleos, al menos en ciertas regiones del espectro. Las frecuencias que son empujadas hacia dichos núcleos tendrán que haber sido arrancadas de alguna parte, originando así vacíos en el espectro, donde la potencia es menor de la que podríamos esperar de otra forma. Que un fenómeno tal pueda tener de hecho lugar en la generación de ondas cerebrales en el individuo […] es sugerido por la abrupta caída de la potencia en frecuencias superiores a los 9.0 ciclos por segundo. […]

El agrupamiento de estas oscilaciones “de corto recorrido” hacia una oscilación continua ha sido observado en otros ritmos corporales, como por ejemplo el ritmo diurno de aproximadamente 23.5 horas que es observado en muchos seres vivos. Este ritmo es capaz de ser empujado al ritmo diurno-nocturno de 24 horas en función de los cambios en el ambiente externo. (9)

Lo que Wiener está presentando aquí es, como hemos dicho, una teoría ontogenética parcial, o lo que es lo mismo, la descripción de un mecanismo de constitución de procesos vitales. Según Wiener, las cinestesis del individuo operan a partir de la sincronización de ritmos de funcionamiento de subsistemas perceptivos diferentes, con ritmos diferentes. Se trata de un proceso de asimilación mutua, por el que dichos subsistemas perceptivos independientes abandonan su frecuencia de funcionamiento para cooperar con otros, constituyendo una unidad mayor. Esta es la organización de un resonador: un dispositivo que empuja las frecuencias de funcionamiento de diferentes subsistemas hacia una frecuencia central donde se acumula la potencia total del sistema en coordinación, dando lugar al funcionamiento conjunto del sistema en torno a dicha frecuencia central. Pero si entendemos como tal dispositivo resonador al cerebro, entonces éste se nos aparece como lugar de la sincronización, no centro que activamente sincroniza; centro para la resonancia de sistemas independientes en coordinación, y no centro activo y jerárquico que somete a los subsistemas a una frecuencia prefijada (como ocurriría, por ejemplo, con el alma o con una glándula pineal cartesiana).

Podríamos concluir al respecto que la condición de funcionamiento del sistema consiste en operar en torno a una frecuencia central, y no más allá de cierta frecuencia de corte (que, en el caso del sistema nervioso serían, respectivamente, 10 y 9 ciclos por segundo). Se entiende entonces que las enfermedades como la tabes dorsal consisten en un desacoplamiento de los subsistemas respecto de esta pauta de funcionamiento: falla, en alguno o en varios puntos, el feedback que mantiene a los diferentes subsistemas perceptivos ligados a dicha pauta; al ocurrir esto, el subsistema particular entra en inestabilidad, pudiendo arrastrar a los otros subsistemas consigo. Digamos, pues, que se rompen las reglas del juego, y además de una forma irreversible.

Esto en lo tocante a la construcción de las cinestesis, o sistema de coordinación de percepciones, de un individuo. Pero uno no construye su experiencia de forma aislada. En efecto, nuestras percepciones son mediadas a través de nuestro entorno; constantemente, la validez de las mismas es alterada en el contacto con los otros. Las percepciones son intercambiadas, negociadas, impuestas, desmentidas. Así lo explica Husserl:

[A]l vivir los unos con los otros cada uno puede tomar parte en la vida de los otros. Así, en general el mundo existe no sólo para los hombres aislados, sino para la comunidad de hombres; y esto es debido al hecho de que se comunaliza incluso lo que es directamente perceptual.

En esta comunalización, también, se da constantemente una alteración de validez a través de la corrección recíproca. En la comprensión recíproca, mis experiencias y adquisiciones experienciales entran en contacto con las de otros, de forma similar al contacto entre las series individuales de experiencias dentro de mi propia vida experiencial; y aquí de nuevo, en la mayoría de los casos, se da una armonía intersubjetiva de la validez, [que establece lo que es] “normal” con respecto a detalles particulares, y por tanto una unidad intersubjetiva sobreviene también entre la multiplicidad de valideces y sobre lo que es válido a través de ellas; aquí de nuevo, asimismo, aparecen discrepancias intersubjetivas con notable frecuencia; pero entonces, tanto si es de muda voz e incluso inadvertida, como si es expresada a través de la discusión y la crítica, una unificación acaece o al menos es cierta de antemano como posiblemente asequible para todos. Todo ello tiene lugar de tal forma que en la conciencia de cada individuo, y en la consciencia de la comunidad omniabarcadora que ha crecido a través del contacto social, uno y el mismo mundo alcanza y continuamente mantiene validez constante como el mundo que es, en parte, realmente experimentado y, en parte, horizonte abierto de posibles experiencias para todos; ése es el mundo como el horizonte universal, común a todos los hombres, de todas las cosas realmente existentes. (10)

De ello se infiere que el mecanismo de funcionamiento del resonador, postulado por Wiener como modelo para la comprensión del mecanismo coordinado de las cinestesis del individuo, sigue unas leyes muy similares a las del mecanismo de formación de la opinión en el nivel intersubjetivo, que se desencadena en el seno de la comunidad. Las cosas se nos presentan inicialmente en su más exuberante multiplicidad; son primeramente filtradas y organizadas por el individuo, según un esquema coordinado de percepciones provinientes de diferentes sistemas que funcionan sincronizados en torno a una frecuencia central y no más allá de una frecuencia de corte; y posteriormente, estas percepciones son puestas en común siguiendo una regla cibernética, de feedback y corrección. De este modo, uno no es libre de opinar lo que desea, como se puede llegar a creer con total naiveté; tampoco percibe las cosas, simplemente, según sus sentidos o su entendimiento le dictan, sino que esta opinión viene modulada por la interacción social. El efecto de la opinión pública es, por tanto, arrastrar las “frecuencias” (opiniones y deseos individuales) hacia una frecuencia central, en torno a la cual se crea un territorio de opinión normativa, pública, que contiene las percepciones y opiniones más próximas a las que la comunidad perceptiva siente como “normales”. Pero la opinión absolutamente normal, la frecuencia central, no tiene por qué ser ocupada por nadie. De hecho, ocurre precisamente que la experiencia cambia de estatus, y pasa a ser considerada, según Husserl, “apariencia de”:

Si uno atiende a la distinción entre las cosas como “originalmente propias de uno” y como “empatizadas” desde los otros, respecto del cómo de las maneras de apariencia […], entonces lo que uno realmente experimenta originaliter [genuinamente] como una cosa perceptual es transformado, por cada uno de nosotros, en una mera “representación de”, “apariencia de” la cosa objetivamente existente. Desde dicha síntesis, las cosas han tomado precisamente el nuevo sentido de “apariencia de”, y como tales ellas son válidas en lo subsiguiente. “La cosa en sí” es, de hecho, lo que nadie experimenta como realmente visto, puesto que siempre está en movimiento, siempre, y para todos, como una unidad de conciencia acerca de la infinitamente abierta multiplicidad de experiencias cambiantes y cosas experimentadas, por uno mismo y por otros.(11)

La representación es, por tanto, un lugar vacío, o virtual, que sirve de referencia para las opiniones individuales, a las que invita y atrae sobre sí. El centro de opinión, la opinión pública, es entonces el atractor o “representante” de la comunidad: su “fuerza atractiva” es inherentemente conservativa, y no consiste en otra cosa que en el propio deseo de pertenencia a la comunidad, conjugado y en constante interacción con los deseos individuales. Ella, la opinión pública, se erige en el elemento básico y determinante en una organización social. Existe en toda comunidad, como cristalización primera del deseo de creación de la misma: como ponía de relieve Ortega (12), el resto de eventuales instituciones, interacciones y costumbres sociales no son sino aditamentos que canalizan, refuerzan, deforman, alteran o imponen dicha opinión pública, en relación a fines perseguidos – por la comunidad en su conjunto, como agregado de los fines perseguidos por los individuos que la constituyen. La opinión pública, orientada a fines y deseos creados colectivamente, es la forma desnuda de toda organización social.

Este centro normativo es, en origen, de todos y de nadie, y su emergencia implica la creación de una región de estabilidad, que alcanza hasta lo que podemos llamar una frecuencia de corte social. Esta región de estabilidad tiene las características, por tanto, de un territorio, con un punto clave central y unos límites o membrana en su derredor. ¿No podríamos llamar a este centro “valores y creencias comunitarios”, dado que son ellos la referencia y el punto de partida de la vida comunitaria? Y a esa frecuencia de corte, a esa región limítrofe, ¿no cabría llamarla territorio normativo? Pues es cuando un invididuo o una parte de la comunidad están más allá de la moral, o más allá de la ley, que él o ellos ponen en peligro al destino comunitario y, por supuesto, a sí mismos.

Llevando el funcionamiento elemental del sistema nervioso a una analogía con los sistemas sociales, como hemos visto con Husserl y veremos próximamente con Bateson o Simondon, ¿no se nos muestra el cerebro como el lugar de un vacío de poder (centro de reunión inter pares) para la construcción de la opinión personal? ¿No parece el cerebro la imagen perfecta del ágora, de la plaza? ¿Y no se ve la plaza, mucho más claramente ahora, como el centro de la actividad nerviosa y comunicativa de la ciudad, de la construcción de la opinión pública, y respecto de la cual los centros administrativos físicos como el palacio o el ordenador central son deformaciones ulteriores, en todo punto artificiales y quizá innecesarias? ? Tantas veces se llamó a la plaza del pueblo “el centro neurálgico” de la ciudad: ¿no contenía esta denominación una verdad social, de manera que toda otra forma histórica del socius se nos revela como deformación y perversión de la más elemental?

En otro pasaje, Wiener habla de la construcción de generadores de frecuencia virtuales a partir de generadores individuales funcionando en paralelo:

Históricamente, es interesante que en los días tempranos de la ingeniería con corriente alterna, se dieron intentos de conectar sistemas de generadores en serie, en lugar de en paralelo. Se encontró que la interacción de los generadores individuales en frecuencia daba lugar a una repulsión, en vez de una atracción. El resultado era que tales sistemas eran terriblemente inestables  a menos que las partes rotatorias de los generadores individuales fueran conectadas rígidamente a través de un mango o de engranajes. Por emplear una analogía biológica, el sistema paralelo tenía una mejor homeostasis que el sistema serie, y por lo tanto sobrevivió, mientras que el sistema serie se eliminó a sí mismo por selección natural. (13)

Tendríamos que explorar la validez de una posible analogía que, como inmediata consecuencia de esta conclusión de Wiener, estableciera la superioridad, para fines de preservación biológica, de un sistema social diseñado “en paralelo”, respecto de otro diseñado “en serie”. Pues, en efecto, nos parece demasiado tentador identificar la conexión en serie con un sistema de organización vertical, gobernado por el primer elemento en serie y necesitado de la adición de elementos autoritarios o disuasorios para funcionar, por oposición a un sistema de organización horizontal fundamentado en el principio de isonomía democrático, que emplaza el poder social en el centro de todos los ciudadanos sin necesidad de adiciones incómodas para funcionar de forma suave y armoniosa. Poder que sería de todos y de nadie, y que se señalaría como el lugar destinado a no ser ocupado por ninguna persona u organización concreta.

Naturalmente, estas consideraciones nos llevan a hacernos preguntas sociales y políticas de toda índole, y a realizar interpretaciones de los fenómenos más controvertidos, de las cuales sólo unas pocas tienen cabida en el estrecho formato que propone un blog. Por ejemplo, ¿no se nos revelan ahora el emperador, el presidente de gobierno o el gerente de la empresa como reificaciones de un gobernador virtual que, en todo caso, introducen redundancias en un sistema social? ¿Qué distorsiones produce la introducción en el sistema de tal elemento físico, de un gobernador hecho carne, que funciona conectado en serie a un ejército o a una máquina burocrática? ¿De qué forma participa adecuadamente una persona en la lucha por el poder? Si uno tiene la ocasión de comunicarse mediante un sistema inter pares no mediado, en su absoluta pureza y desnudez, cual es la conversación entre iguales en una red social, o de forma más especial la relación amorosa o de amistad, ¿no experimenta con total lucidez la inmensa fuerza de este mecanismo de resonancia social? Así ocurre, de hecho, y tanto que, cuando en virtud de la imposición de un esquema serie, el esquema natural en paralelo se nos niega o queda obstruido, la frustración de quien se comunica puede llegar a ser máxima. Y, sin embargo, nos emocionamos de forma particular al leer los textos de Habermas o Castells, que entonan una plegaria a este modo de comunicación inter-subjetiva, en paralelo o en red: no puede ser de otro modo, pues ellos descubren la realidad última del trato comunitario; trato que, en su forma original, ha de desplegarse uniformemente entre los ciudadanos, extasiándolos en su búsqueda de la resonancia social. Y éste es, asimismo, el poder de convicción que destilan algunas doctrinas morales o religiosas. El esquema de comunicación en que cada invididuo se representa a sí mismo en una red, libre cada uno de distorsiones y redundancias, es soñado por muchos con la nostalgia que se siente hacia el feliz pasado arcaico y, al tiempo, con la esperanza que brilla en la promesa de futuro; promesa cuyo cumplimiento parece inevitable a la luz de las últimas tecnologías de comunicación.

Pero, ¿y si no tuviéramos razón? ¿Y si el tránsito natural de los organismos sociales, desde la banda al poblado, del poblado a la ciudad y al Imperio, del Imperio al Reino y al gobierno liberal, y de éstos a la sociedad red, no fuera tan natural? ¿Y si dicho tránsito fuera obstaculizado indefinidamente por determinadas fuerzas de reacción, fuerzas que se sirven de organismos y tecnologías de todo tipo para preservar a la sociedad de la germinación de las redes abiertas? También cabría esperar, por ejemplo, que tal tránsito no se detuviera en una sociedad-red como la descrita, sino que prosiguiera sin descanso, alcanzando formas quizás no tan seductoras. ¿Estamos apostando todas nuestras cartas a la sociedad-red como efectuación de una especie de parusía cristiana? Es preciso desentrañar el papel de las tecnologías de la comunicación, como el de otras tecnologías, en la construcción y modelado de los sistemas sociales: estudio al que nos debemos y que emprenderemos próximamente.

Por otra parte, ¿no existe un mecanismo de auto-censura en toda sociedad? ¿Contra qué? Evidentemente, contra el ruido; todas las sociedades centralizan la información y crean un territorio de normatividad para oponerse a la fuerza entrópica que, en comunicación, identificamos con el ruido. La comunidad es un lugar de creación de orden, y como tal excluye estados de sus componentes (individuos miembros) que podrían hacer tambalear los cimientos del edificio comunitario. Hemos de ver, por tanto, la moral como cinturón de seguridad que la comunidad construye a los individuos para prevenir a la comunidad de un ruido insoportable. Lo cual, como es lógico, no significa ni mucho menos que las comunidades sean estáticas. Las formas de equilibrio comunitario son muchas, y sólo algunas adquieren una apariencia relativamente estática.

Tomemos por ejemplo a una comunidad pequeña, cerrada y tradicional, relativamente estática: como toda otra, esta comunidad levanta un foso en torno a sus valores básicos – su normatividad moral, que emplaza los límites de lo insoportable, y crea inhibiciones y prohibiciones a sus individuos. Esta auto-censura puede adquirir una forma “fortificada” en tanto que dicha comunidad está muy cerrada a otras culturas. Se puede hablar entonces de un secreto, un núcleo de experiencias y presunciones sobre el mundo que es compartido por todos los miembros de la comunidad, pero que se muestra impenetrable a los ojos del extraño.

En cambio, en comunidades menos ideales y más complejas como las nuestras, el secreto prolifera, levantando barreras y creando sub-comunidades especializadas, más o menos cerradas, que funcionan con diferentes ritmos y territorios (logias, sectas, intelligentzia gubernamental, etc.). Y hasta tal punto el ritmo y el territorio, en constantes interacciones de exclusión, superposición y fusión, son elementos fundamentales de la construcción de cualquier comunidad biológica, que hemos llegado, con estos términos, a entender la filosofía de Deleuze: es el deseo, elemento central del devenir vital y social, quien ha de ser codificado en ritmos y territorios. Sólo esto necesitamos entender provisionalmente: existen ritmos y territorios en las sociedades como respuesta codificada de los deseos individuales y colectivos. Y pertenece al poder determinar cómo se codificarán dichos deseos. Hasta tal punto es éste el núcleo del pensamiento social, que según Deleuze el único problema social consiste en cómo codificar el deseo. Pues éste ha de ser codificado de una forma u otra, el deseo social siempre aparece codificado: antes se encuentra un deseo codificado como fascista, que un deseo descodificado (14).

¿Qué es entonces la resonancia o sincronización de frecuencias, sino un mecanismo que, en lo social, produce codificaciones del deseo desde centros u órganos de poder, y de forma mediada a través de diferentes tecnologías e instituciones? Tecnologías que pueden disciplinar o liberar, como las que examina tan amplia y bellamente Foucault (15); pero también fortalecer vínculos, abrir o cerrar comunidades, crear secretos o revelarlos, emplear fuerzas naturales para satisfacer deseos codificados colectivamente, organizar ritmos y territorios de distintas formas.

Las tipologías tecnológicas revelan, a través de los mecanismos de resonancia social, la salubridad de una sociedad en el terreno afectivo y moral, y lo hacen a través de su gestión de los deseos, es decir:  a través de la codificación del deseo en ritmos y territorios. Una sociedad abierta, como pretende ser la sociedad liberal, codifica su deseo en la multiplicación y liberación de los ritmos y territorios, en la apertura del espacio moral, en los imperativos de la tolerancia, la diversidad y la igualdad: su ideal es el filtro de transmisión que deja pasar todo.

Pero, evidentemente, este proyecto genera tensiones territoriales y rítmicas. El ruido aparece por todas partes como multiplicación de mensajes, que dificultan una comunicación homogénea como la exigida por el aparato de Estado (el poder ocupado por un ente central). Se hacen entonces precisos los filtros sociales: de aquí el éxito del aparato técnico-industrial capitalista, empleado por el Estado para satisfacer todas las necesidades imaginables, atenuando así las potencias de deseo. No siendo esto suficiente en muchos casos, se precisa además un aparato disciplinario; de un modo u otro, toda sociedad necesita homogeneizar, controlar sus territorios, marcar sus frecuencias de corte. Y la sociedad que más lo necesita es aquella que contiene elementos centrales rígidos, aquella que quiere constituirse en centro absoluto, con fronteras concretas y estables. El poder central no interactúa, como los resonadores; no quiere desplazarse. Es una suerte de agujero negro de lo social: en tanto que el tamaño del complejo de poder crece, él se hace más rígido y más y más supedita la sociedad que gobierna a su auto-conservación. El poder central obstaculiza y distorsiona, aporta rigidez a un sistema cuyo origen y destino consiste en su flexibilidad, su capacidad de interactuar y desplazar sus límites constantemente.

En este post hemos ilustrado y dado concreción a las conclusiones de Norbert Wiener en torno a los mecanismos de feedback y propósito-corrección. Hemos mostrado cómo su comprensión de las cinestesis como resultado de procesos vinculados a la sincronización y correlación de frecuencias, y a lo que se denomina resonancia, admite una analogía con la comprensión que Husserl y Deleuze tienen de los mecanismos de codificación del deseo y de conformación de la experiencia comunitaria. Y hemos discutido problemas asociados a esta comprensión, realizando preguntas que irán siendo discutidas en los próximos textos.

La pretensión de validez de estas analogías se funda en el paradigma del pensamiento de la teoría de sistemas que, como veremos, lleva a Ludwig von Bertalanffy a admitir el isomorfismo entre leyes de diferentes áreas de la ciencia (16). Este isomorfismo, a su vez, no está apoyado en el simple deseo de ligar resultados matemáticos y empíricos de unas áreas a suposiciones o interpretaciones en terrenos donde las leyes matemáticas no encuentran una fácil formulación, como es el caso de las ciencias sociales; al contrario, es el resultado tangible de un principio ontológico fundamental, que Gilbert Simondon denomina operación transductiva, y que describe como

[…] una operación, física, biológica, mental, social, por la cual una actividad se propaga cada vez más al interior de un dominio, fundando esta propagación sobre una estructuración del dominio operada de lugar en lugar: cada región de estructura constituida sirve a la región siguiente de principio de constitución, si bien una modificación se extiende progresivamente al mismo tiempo que esta operación estructurante. (16)

Ahora estamos preparados para sumergirnos en el pensamiento de Gregory Bateson quien, como pretendemos hacer nosotros, establece relaciones entre campos científicos aparentemente distantes, haciendo uso de un pensamiento transductivo con el objeto de teorizar sobre problemas sociales, antropológicos o psicológicos que nos parecerían muy difíciles de resolver de otra forma. Veremos, en particular, el tratamiento etnológico que Bateson realiza de la sociedad balinesa, a la que compara con las sociedades occidentales según conceptos y criterios heredados de la cibernética o la teoría de juegos .

BIBLIOGRAFÍA:

(1) PICKERING, Andrew. Cybernetics and the mangle. University of Illinois, 2002.

(2) https://misinvestigacionessts.wordpress.com/2012/05/14/139/

(3) http://lema.rae.es/drae/?val=cinestesia

(4) WIENER, Norbert. Cybernetics or Control and communication in the animal and the machine. 2ª edición. Massachussets Institute of Technology, 1961.

(5) HUSSERL, Edmund. The Crisis of European Sciences and Transcendental Phenomenology. 4th edition. Northwestern University Press, 1978.

(6) Ibid., p. 161

(7) Ibid., p. 162.

(8) WIENER, Norbert. Cybernetics or Control and communication in the animal and the machine. 2ª edición. Massachussets Institute of Technology, 1961.

(9) Ibid., pp. 199-200.

(10) HUSSERL, Edmund. The Crisis of European Sciences and Transcendental Phenomenology. 4th edition. Northwestern University Press, 1978. pp. 163-4.

(11) Ibid., p. 164.

(12) ORTEGA Y GASSET, José. La rebelión de las masas. Alianza Editorial, 1978.

(13) WIENER, Norbert. Cybernetics or Control and communication in the animal and the machine. 2ª edición. Massachussets Institute of Technology, 1961. p. 201.

(14) DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Felix. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. 5ª edición. Valencia: Pre-textos, 2002.

(15) FOUCAULT, Michel. Vigilar y Castigar. Madrid: Siglo XXI Editores, 2008.

(16) Von BERTALANFFY, Ludwig. Teoría General de los Sistemas. 5ª edición. Fondo de Cultura Económica de México, 1986.

(17) SIMONDON, Gilbert. La inviduación a la luz de las nociones de forma y de información. Buenos Aires: Ediciones La Cebra y Editorial Cactus, 2009. p.38

Cibernética (I): las nociones fundamentales de feedback e información.

En 1948 Norbert Wiener publica su libro ”Cibernética o control y comunicación en los animales y en las máquinas”, un tratado en el que postula la creación de la ciencia Cibernética. Apoyándose en los desarrollos matemáticos de la mecánica estadística de Gibbs, a la que atribuye la revolución del paradigma newtoniano en la física mucho antes de Einstein y la mecánica cuántica, Wiener compara el funcionamiento de las máquinas autorreguladas y el de los seres vivos a través de las nociones fundamentales de información, feedback, homeostasis y correlación de frecuencias ó resonancia, entre otras. Muchos de sus resultados surgen de la aplicación de sus conocimientos en circuitos eléctricos al sistema nervioso animal; otros, de la traducción de modelos de funcionamiento de los organismos a modelos para el desarrollo de autómatas. Toda una serie de retos técnicos, así como el subsecuente planteamiento de una nueva agenda de problemas científicos,  fueron posibles a través de la colaboración intensiva entre Wiener y expertos de diferentes áreas (biólogos, ingenieros, informáticos, antropólogos…), cuyos puntos culminantes fueron las conferencias en la Fundación Macy entre 1.946 y 1.953.

Pero Wiener, no se sabe si por cierta modestia o por prudencia científica, no llegó a atinar del todo cuando calificó a la Cibernética como una nueva ciencia. Pues, más bien que una nueva ciencia, lo que Wiener, Gregory Bateson, Claude Shannon o Warren McCulloch habían concebido en las reuniones de la Fundación Macy era una nueva forma de trabajo científico, más interdisciplinar que especializada, y con un nuevo acento sobre los problemas de organización y estabilidad interiores a un organismo cerrado, así como sobre la relación y comunicación entre unos organismos que están abiertos a su entorno. Simondon, quien prolongaría el pensamiento cibernético hasta su espectacular tesis ontogenética en ”La individuación a la luz de las nociones de forma e información”,  llega tan lejos como para decir que el  ”Cybernetics and Control… ” de Wiener ”es un nuevo Discurso del Método redactado por un matemático que enseña en un instituto de tecnología”.  La cibernética promete toda una nueva generación de proyectos técnicos, y una infinidad de líneas de investigación científica basadas en sus principios. Simondon cree que, por primera vez en las ciencias, la Cibernética es capaz de fijar los fines independientemente de los medios, para luego determinar esos medios y proceder a la ejecución del proyecto pertinente. ”La Cibernética otorga al hombre un nuevo tipo de mayoría, la que penetra las relaciones de autoridad distribuyéndose en el cuerpo social, y descubre, más allá de la madurez de la razón, la reflexión que da, además de la libertad de actuar, el poder de crear la organización instituyendo la teleología”. La Cibernética puede resolver lo que parecía insoluble si consigue comprender la importancia de la relación, la regulación y la comunicación entre los hombres desde su trabajo en la comunicación entre los conjuntos de máquinas (1).

En este post trataremos de explicar brevemente algunos de los conceptos fundamentales en el pensamiento cibernético de Wiener, contraponiendo sus formulaciones originales a la acogida que Gilbert Simondon hace de ellos. Todo esto lo haremos con el objeto de prepararnos adecuadamente para el próximo post, donde se explicará la traducción y el uso de esos conceptos en problemáticas antropológicas y sociales en las investigaciones de Gregory Bateson. Los conceptos cibernéticos a los que nos referimos vienen dados por parejas: feedback-homeostasis, entropía-información, y correlación de frecuencias-resonancia. Provisionalmente,  vincularemos además este último par con otro concepto muy fecundo, como es el de frecuencia de corte, que ya introdujimos en el anterior post. Pero, por la necesidad de poner límites de extensión a cada publicación, en este texto nos limitaremos a incluir una discusión sobre los dos primeros pares, dejando las definiciones de resonancia y frecuencia de corte para el post próximo.

Feedback y Homeostasis – Un feedback es el modo de trabajo de un circuito cerrado por el que se transmite una secuencia de información de manera que modifica los valores de entrada al circuito según los valores de salida del mismo. Este principio fue empleado por Wiener en la construcción de artillería anti-aérea para la defensa de los ingleses en la Segunda Guerra Mundial. Gracias al uso del feedback en  los circuitos electrónicos, estos cañones eran capaces de corregir su posición según los parámetros servidos por un algoritmo de predicción de las trayectorias probables de los cazas alemanes, que estaba basado la computación de las anteriores experiencias y detalles técnicos conocidos de los modelos de aviones conocidos.

Supongamos una cadena de variables A, B, C, D…N, relacionadas de manera que A hace aumentar o disminuir a B, B a C, …, M a N, y N a A. En un sistema con feedback negativo, al menos uno de los elementos que intervienen en dicha cadena funciona de forma que X-1 hará disminuir a X, y dicho elemento puede ser conocido como regulador ó inhibidor. Este fue el tipo de feedback utilizado por Wiener en la artillería anti-aérea contra la aviación alemana, y es el mismo que funciona, por ejemplo, en nuestros termostatos; él sirve también para explicar cómo nuestro apetito es regulado a través de señales hormonales. Este feedback es capaz de generar estabilidad u homeostasis en un sistema o bucle cerrado (2).

En contraste con el feedback negativo tenemos el feedback positivo. En un sistema de feedback positivo se podría decir que todas las variables de la cadena hacen aumentar a la siguiente, que carece de un regulador o un inhibidor funcional, o que el valor de las variables de realimentación -a efectos de la totalidad del sistema- sobrepasa cierto umbral que conduce a una oscilación creciente, es decir, a la inestabilidad del sistema. Un ejemplo de este tipo de feedback lo encontramos en el desajuste proporcional que existe en la interacción entre las hormonas leptina y grelina de los obesos, causando el llamado efecto yo-yo (3). Otro ejemplo notable de feedback positivo -no lineal y de segundo grado- es el que Korotajev postula para describir la relación entre el desarrollo tecnológico y el crecimiento de población:

Más simplificado, el esquema de Korotajev quedaría así (4):

Con respecto a los conceptos de feedback y homeostasis, Simondon opina que Wiener asume demasiado rápidamente la analogía entre las máquinas autorreguladas y los organismos animales, y en particular entre dichas máquinas y el organismo humano. En primer lugar, entiende Simondon que el hombre es un ser perfectamente concreto, mientras que los individuos, máquinas y conjuntos técnicos siempre conservan algo de abstracto, pendiente de ser concretizado, y que por tanto están sujetos a un cambio inmediato en éste o aquél momento.

En segundo lugar, puede parecer que, en un estado ideal, las máquinas o conjuntos técnicos autorregulados funcionarían de forma homeostática, como el cuerpo del hombre. Pero Simondon entiende que, para que esta analogía funcionara, el hombre habría de ser entendido como una mónada leibniziana desconectada de su exterior ambiental y social, así como del mundo pre-individual desde el que él puede experimentar, es decir, debería ser reducido al estatus de organismo cerrado al exterior, sin ventanas, todo lo cual significaría empobrecer sensiblemente el concepto de homeostasis, limitándolo a unas pocas y determinadas funciones fisiológicas. Para Simondon, en cambio, una analogía más exacta entre las máquinas autorreguladas y el hombre debería ser más solidaria con la noción de hombre como individuo-en-el-mundo, y requeriría imaginar una comunidad de hombres perfectamente regulados con respecto a sí misma y en sus relaciones con el exterior -humanas, ambientales…-, justo como los elementos técnicos lo están entre sí dentro de un sistema autorregulado. Según Simondon, el hombre está en retraso con respecto a la técnica desde la introducción de las nociones de regulación, y para que los hombres puedan ”hacer resonancia” con las máquinas autorreguladas -o, como Deleuze pide, ”hacer máquina”, ”devenir maquínicos” (5)-, deberían recuperar un nivel de su cultura que fue destruido en la aplicación de modos de organización social autocráticos y esclavizadores -tanto hacia las máquinas como hacia los seres humanos-, como fueron los característicos de las sociedades humanas del siglo XIX, en pleno desarrollo de la civilización industrial, y como aún son los de hoy.

Esta reforma de la cultura, que procede por ampliación y no por destrucción, podría volver a dar a la cultura actual el verdadero poder regulador que ha perdido. Base de significaciones, de medios de expresión, de justificaciones y de formas, una cultura establece entre aquellos que la poseen una comunicación reguladora; al salir de la vida del grupo, anima los gestos de aquellos que aseguran las funciones de comando, proveyéndoles las formas y los esquemas (6).

Entropía e Información. Wiener introduce su definición de información en el terreno restringido de la teoría de la información desarrollada por su colega Shannon, oponiendo el envío de un mensaje a la presencia de un ruido blanco sobre el canal, o una entropía presente en la comunicación. Así, mientras la entropía es la medida de la desorganización de un sistema, o de un montante de energía no transformable, la información es justo lo contrario, una medida de su organización, ”siendo una simplemente la negativa de la otra’’.

Pero Wiener, desde el primer momento, nos autoriza a pensar el significado del binomio entropía-información en el contexto más amplio de la Segunda Ley de la Termodinámica, según la cual la entropía de un sistema completo o aislado aumenta de forma irreversible en el tiempo, mientras que, en un sistema local no aislado, como es el caso de la Tierra, es posible la propagación de información y su contribución a la cristalización de determinados patrones físicos y biológicos ordenados. La información es posibilidad de orden, de organización.

A partir de esta concepción vagamente ontogenética de Wiener, cabe tomar nota de tres puntos fundamentales para su tratamiento futuro:

  1. Los cibernéticos, teóricos de sistemas y otros científicos tomarán en lo sucesivo esta distinción entre entropía-caos e información-orden como la piedra angular de sus reflexiones ontogenéticas.
  2. Simondon recuperará y ampliará el valor del concepto de ”información” para su exposición ontogenética, pero centrará el devenir del ser -y el carácter del ser mismo- en la noción algo más complicada de transducción, que deberá ser explicitada, mientras que Deleuze fundamentará su filosofía de la individuación en la de Simondon, complementada ésta con conceptos y nuevas certezas procedentes de la biología ó la geología, además de con su propia comprensión del devenir como deseo.
  3. Como se infiere de las demostraciones matemáticas de Wiener y Shannon, la entropía es mayor cuanto mayor es la probabilidad de ocurrencia de cierto mensaje. El mensaje menos probable, el mensaje infinitamente concreto y original es, en cambio, el que contiene mayor cantidad de información, lo cual nos llevará a preguntarnos por la gramática del Acontecimiento, y con ello entendemos del ‘acontecimiento instituyente de sentido’ (la voz del Führer en la radio, el gol o la entrega de medallas, la trompeta de guerra, el sacramento), como envío de la información-afecto más masiva y específica, menos probable y más excepcional, en el orden superior de lo humano-colectivo. Aquí, no podremos pasar por alto que es precisamente en el Acontecimiento donde parece naufragar la a priori inmediata contraposición entre entropía-caos e información-orden, puesto que es en estos sucesos donde y cuando se movilizan fuerzas colectivas tales que dicho Acontecimiento, en demasiadas ocasiones, es destructor del orden y propagador del caos. Intentaremos preguntarnos cómo y por qué esto ocurre, cuándo el Acontecimiento transita desde la magna creación hacia la más fabulosa capacidad destructiva y, por tanto, qué estatus puede reclamar la creación humana con respecto a tales o cuales límites, y tales o cuales características y configuraciones, internas o contextuales, de las fuentes humanas del Acontecimiento.
En este post hemos introducido al lector a unas definiciones muy sumarias de cuatro conceptos fundamentales en el pensamiento y en la ciencia del siglo XX, como son los de feedback, homeostasis, información y entropía. Hemos reflexionado sobre algunos de los puntos de contacto entre el desarrollo tecnológico, las cualidades de las máquinas autorreguladas y el complejo devenir de las comunidades humanas. Mientras tanto, seguimos intentando traer a colación algunas de las reflexiones más oportunas de Gilbert Simondon, uno de los pensadores de referencia en la filosofía de las técnicas, y a través de todo ello construimos lechos conceptuales útiles para el examen de determinados problemas en el ámbito de lo social. Creemos que en lo sucesivo será posible ir contrastando estos problemas  con aun otras lecturas, facilitando una comprensión y un tratamiento constructivo de problemas tecnológicos y humanos desde la cibernética, la filosofía y las ciencias sociales.

BIBLIOGRAFÍA:

(1) SIMONDON, Gilbert. Del modo de existencia de los objetos técnicos. 1ª edición. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007. p. 61.

(2) WIENER, Norbert. Cybernetics or Control and communication in the animal and the machine. 2ª edición. Massachussets Institute of Technology, 1961.

(3) http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/01/10/actualidad/1294614004_850215.html

(4) KOROTAJEV A., MALKOV A., KHALTOURINA D. Introduction to Social Macrodynamics. Secular Cycles and Millennial Trends. Moscow: URSS, 2006.

(5) DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Felix. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. 5ª edición. Valencia: Pre-textos, 2002.

(6) SIMONDON, Gilbert. Del modo de existencia de los objetos técnicos. 1ª edición. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007. p. 35

Límites al crecimiento: el superhombre y la intensificación tecnológica

A la hora de discutir sobre la relación entre límite y tecnología, una de las piedras de toques fundamentales se encuentra en las tesis de Marvin Harris, que en “Caníbales y reyes” da un paso decisivo al vincular el desarrollo tecnológico a la problemática maltusiana. De acuerdo con Harris,

Las tecnologías de culturas anteriores  fracasaron repetidas veces y fueron reemplazadas por nuevas tecnologías. Los límites de crecimiento fueron alcanzados y trascendidos para ser alcanzados y trascendidos una vez más. Una gran parte de lo que consideramos progreso contemporáneo es en realidad una recuperación de niveles que ya se gozaron plenamente durante épocas prehistóricas (1).

Según la teoría de Marvin Harris, desde tiempos antiguos hemos observado una creciente centralización del poder: esto es inmediatamente visible tanto en un sentido global como en la mayoría de las naciones y organismos públicos y privados. Por otra parte, las civilizaciones que han debido afrontar límites maltusianos de eficiencia decreciente se han visto forzadas a elegir entre la aplicación de una “intensificación tecnológica” que les empuje a trascender sus límites, o a seguir una táctica o estrategia de decrecimiento, lo que significa ajustarse a dichos límites.

Siguiendo la terminología de Mumford, el diagrama de abastecimiento económico se puede resumir en las fases lineales y sucesivas de conversión-producción-consumo-creación (2). Una intensificación tecnológica conseguiría aumentar la cuota de conversión energética (de la naturaleza al hombre) en paralelo a la cuota de producción y con el objeto de satisfacer demandas crecientes de necesidades (consumo), lo que podría conducir a un colapso en el caso de que la productividad y la eficiencia no pudieran ser elevadas; mientras que un esquema de decrecimiento trataría de normalizar la producción redistribuyendo el consumo racionalmente y evitando tensionar las fuerzas productivas, al tiempo que facilitando la cobertura global de las necesidades más básicas.

Una peculiaridad del proceso de intensificación tecnológica es que reproduce y amplía la configuración social preexistente: en una sociedad de poder económico y político distribuido, tenderá a elevar uniformemente los niveles de acceso al poder liberado (poder de conversión, poder de producción y consumo); en una sociedad con una característica poco igualitaria conducirá inevitablemente a la centralización de poder, al modo de los filtros electrónicos de corte de frecuencia y amplificación cuadrática: corte de suministro en frecuencias con bajos recursos, multiplicación de recursos en frecuencias centrales. Según Marvin Harris, esta centralización de poder es además coextensiva a un ethos expansivo o guerrero, que cabalgaría sobre la historia trascendiendo límites maltusianos a golpe de invasión, saqueo, estratificación social y eliminación de excedentes (rivales por los recursos), una práctica que por supuesto parece de lo más natural a quienes, en biología, sólo reconocen la competición como modo de proliferación de los organismos. Estos llegan a atreverse a llamar “egoístas” a los genes, entendiendo el “altruismo” como consecuencia derivada del egoísmo primigenio, sin entender que la sola atribución de tales adjetivos ya enturbia el entendimiento de procesos que, lo quieran o no estos biólogos, son en último término codeterminados, faz y reverso del superior y más complejo devenir conjunto de la vida (3).

Sea como fuere, si seguimos los criterios deterministas de Harris, la globalización puede ser vista como el resultado lógico de sucesivas intensificaciones tecnológicas, crecientemente aceleradas bajo el signo del sistema de producción capitalista y marchando hacia el encuentro final de los límites maltusianos con los límites físicos de la Tierra. Prolongando el razonamiento, Harris observa que

hoy podemos ver cómo la tecnología ganó terreno en la carrera contra la intensificación. el agotamiento y el descenso del rendimiento. El mundo industrial utilizó una enorme provisión nueva de energía barata al mismo tiempo que fue capaz de distribuir esa bonanza entre una población que aumentaba a un nivel inferior al de su potencial reproductor. Pero la carrera está lejos de haber concluido. La ventaja puede ser sólo provisional. Estamos empezando a comprender lentamente que un sometimiento a máquinas que funcionan con combustibles fósiles es un profundo compromiso con el agotamiento, el menor rendimiento y las tasas descendentes de beneficio (4).

Esta advertencia nos es ya muy familiar, pues en su versión más popular supone uno de los argumentos habituales de la crítica al desenfreno capitalista. Sería, de hecho un interesante ejercicio el de preguntarse si los límites actuales de desarrollo del hombre serán definitivos, o si pueden ser trascendidos por el capitalismo o cualquier otro tipo de civilización humana. Pero en este texto no discurriremos más sobre esta línea crítica: lo que aquí nos interesa advertir es que hay, como hemos justificado, fuertes vínculos entre tecnología y límite, o más bien entre un cierto tipo de usos de la tecnología, a saber, aquellos en la dirección de una intensificación productiva, y el concepto clásico de hybris. Mas, según cierta interpretación de este problema, ello no debe asustarnos, pues

Todo nuestro ser moderno, en cuanto no es debilidad, sino poder y consciencia de poder, se presenta como pura hybris e impiedad (…). Hybris es hoy toda nuestra actitud con respecto a la naturaleza, nuestra violentación de la misma con ayuda de las máquinas y de la tan irreflexiva inventiva de los técnicos e ingenieros […] (5)

Es decir, admitiendo la visión nietzscheana del superhombre trágico como agente superador de cualquier equilibrio o complejo de debilidad, podríamos recuperar la famosa frase de Hölderlin

Mas donde hay peligro, crece también lo salvador (6)

y, contra la interpretación conservadora de Paul Virilio (muy similar a la de Heidegger), que más bien tiende a invertir los términos (Mas donde está lo salvador, crece también el peligro), afirmar sin reparos  y con osadía

El peligro es lo salvador.

Pero, ¿no estaríamos con ello negando la dimensión del desarrollo tecnológico que conduce precisamente a la armonización de la propia tecnología con el medio ambiente y con el hacer humano, aquella que Mumford calificaría como “cualidad neotécnica” y que Gilbert Simondon establece como inevitable en el proceso de “concretización” de las máquinas?

Paul Virilio o Herbert Marcuse apuntaron en varias ocasiones que no es posible analizar la tecnología como un conjunto de productos separados de la cultura humana, como si fuera neutral en todo orden. Contra los tecnólogos y tecnócratas fundamentalistas que afirman la imparcialidad de la tecnología, y contra las opiniones tecnófobas sobre su innata perversidad, declararemos que, en efecto, cada tecnología tiene su propia ecología y política desde su concepción y diseño, y que, siendo producto del hacer humano, albergará valores humanos concretos. Valores que pueden resultar coincidentes con la propia evolución natural del objeto técnico particular, y por tanto positivos para los hombres y el objeto mismo; o también valores en extremo contradictorios con la mejora del objeto y su función en su ambiente complejo de funcionamiento; valores que pueden incluso llegar a ser deformados en el sentido de contravenir las indicaciones que la propia tecnología sugiere en su perfeccionamiento (o concretización).

Podríamos entonces plantearnos si las tecnologías pueden ser evaluadas en las fases concretas de su proliferación (concepción, diseño, producción, mejora, consumo) con el objeto de despojarlas de contenidos y formas afines a prácticas totalitarias o de dominio sobre la sociedad y los individuos, a planes de destrucción medioambiental incontrolada, etcétera. En este sentido, el análisis de los objetos técnicos practicado por Gilbert Simondon nos proporciona un valiosísimo punto de partida, así como varias herramientas, hacia un estudio desprejuiciado y riguroso de la tecnología.

BIBLIOGRAFÍA:

(1) Harris M., Caníbales y Reyes. Los orígenes de la cultura. Salvat ed., Barcelona, 1986, p.3.
(2) Mumford L., Técnica y Civilización. Alianza Universidad, Madrid 1982.
(3) Dawkins R., El gen egoísta. Salvat ed., 2ª edición, Barcelona 2000.
(4) Harris M., Caníbales y Reyes. Los orígenes de la cultura. Salvat ed., Barcelona 1986, p.126.
(5) Nietzsche F., La genealogía de la moral. Alianza, Madrid 1972, p. 131.
(6) Virilio P., El cibermundo, la política de lo peor. Teorema, Madrid 1996,

Sobre límites y aproximaciones marginales

Nos habíamos propuesto tratar algunos de los aspectos que entrelazan el devenir del capitalismo con el de la tecnología. Para ello qué más útil, qué más tentador que discurrir alrededor de diversas nociones de límite que los impregnan; límites a los que tanto el capitalismo como la tecnología se enfrentan. Y ¿por qué elegimos una perspectiva de límite, o fronteriza? Por la potencia ilustrativa de los ecotonos. Creemos necesario iluminar las figuras y los procesos desde su borde, desde el lugar donde dejan de ser algo y devienen otra cosa.

La riqueza biológica de los ecotonos nos dio que pensar. Sólo desde los márgenes se pueden contemplar, a la vez, el interior y el exterior de algo; sobre ellos, el contenido y la expresión de una cultura revela sus potenciales de cambio. Conceptos sociales como fluxiones, diferenciales; derivar las problemáticas en varias direcciones. En los próximos escritos aislaremos, pues, varios problemas, los derivaremos de acuerdo con los límites que ellos nos sugieren. Qué más da si la figura obtenida es amorfa, ¿acaso no era amorfa desde un principio?

“Si el devenir es un bloque (bloque-línea) es porque constituye una zona de entorno y de indiscernibilidad, un no man’s land, una relación no localizable que arrastra a los dos puntos distantes o contiguos, que lleva uno al entorno del otro, —y el entorno-frontera es indiferente tanto a la contigüidad como a la distancia” (1).

¿Buscar el lugar geométrico de los puntos culturales, geometrizar las culturas? Sería demasiado pretencioso (el programa de la Ilustración). Antes habría que encontrar las líneas que dibujan las regiones: tangentes, líneas de fuga, asíntotas. Y no siguiendo la línea de los puntos estadísticos, como en sociología, sino emborronando las fronteras, descubriendo el devenir de las figuras.

Hablar de campos de fuerza, de márgenes y de límites. Una fuerza económico-política, por ejemplo, en la ruptura de la relación entre capitalismo y democracia. Atrás quedó el medio siglo de coqueteo con la llamada sociedad de la abundancia, en que el capitalismo se había visto fortalecido por el incontestable progreso material en Norteamérica y una moderada orientación social, llegando a presentarse como la única alternativa. Recordamos, podemos recordar, las democracias europeas, el Estado del Bienestar como refulgente trofeo y promesse de bonheur, el culto a la libertad como garantía moral al individuo. Pero hoy esto ya no existe. De hecho, de acuerdo con los eventos económicos y políticos de las últimas dos décadas, no sería muy aventurado señalar que el capitalismo se precipita en uno de esos límites a los que Marx solía referirse.

Podemos enumerar una serie de elementos que han conspirado contra esta promesa: las constantes agresiones internacionales, la imposición progresiva y generalizada de políticas neoliberales a través del FMI y el BM desde los años 70, la deslocalización paulatina de las industrias, la precarización del trabajo. No encontramos una fórmula que sintetice estos procesos mejor que el término potencia de desterritorialización de Deleuze-Guattari:

“En la actualidad podría describirse una enorme masa monetaria llamada apátrida, que circula a través de los intercambios y de las fronteras, que escapa al control de los Estados, que forma una organización ecuménica multinacional, que constituye una potencia supranacional de hecho insensible a las decisiones de los gobiernos. […] El capitalismo no es en modo alguno territorial, ni siquiera en sus comienzos: su potencia de desterritorialización consiste en tener por objeto, no ya la tierra, sino el “trabajo materializado”, la mercancía. Y la propiedad privada ya no es la de la tierra o del suelo, ni siquiera la de los medios de producción como tales, es la de los derechos abstractos convertibles. Por eso el capitalismo señala una mutación de las organizaciones ecuménicas o mundiales, que adquieren una consistencia en sí mismas: en lugar de resultar de las formaciones sociales heterogéneas y de sus relaciones, la axiomática mundial, en gran medida, distribuye esas formaciones, fija sus relaciones, al organizar una división internacional del trabajo. Bajo todos estos aspectos, diríase que el capitalismo desarrolla un orden económico que podría prescindir del Estado (2).

Además de las invasiones militares, que han puesto los bienes de primer orden a disposición de las zonas industrializadas en una primera desterritorialización de la mercancía, tenemos una segunda desterritorialización de los mercados de consumo (y del trabajo); por último, cantidades ingentes de crédito han sido desviadas de la inversión local hacia los mercados financieros, en una tercera y definitiva desterritorialización. El intercambio financiero instantáneo y “a un clic”, posible gracias a la tecnología, y su guerra sin cuartel contra el Estado, han completado el proceso de globalización y cortocircuitado al fin los últimos vínculos entre el hombre y la tierra. Papel de la tecnología como tensor centrífugo, como vehículo de desterritorialización global.

En este contexto, algunos países (China, Brasil, India o los dragones asiáticos) han basado su notable crecimiento en un ritmo de producción que sólo puede ser mantenido mediante la conservación de una demanda muy alta. Hasta ahora las clases medias europeas y norteamericana parecían poder soportar dicho nivel de consumo, pero su progresiva desintegración de mano de las políticas neoliberales está destruyendo esta posibilidad.

Gran parte del despertar chino es debido a su producción masiva de tecnología punta: mientras que China es ya líder mundial en venta de equipamiento y consumo de energías renovables (3), el grupo chino Lenovo alcanzó recientemente el primer lugar mundial en la venta de ordenadores personales (4), amortizando su compra de la división de PCs de IBM en 2005. Este sensacional despegue económico no se ha llevado a cabo con políticas neoliberales –Prem Shankar Jha y otros denominan al modelo chino cadrecapitalista (*)(5)-, pero en cualquier caso se ha producido disparando la desigualdad social, como se puede observar en la subida explosiva del índice de Gini chino en los últimos treinta años (6). Hasta ahora, China ha podido soportar estas tensiones internas ayudada por sus políticas autoritarias y a través de un fabuloso aparato de censura, pero no aguantará para siempre. La pregunta sobre las características de esta incipiente clase media china, nacida al amparo de una colosal intensificación tecnológica y un régimen autoritario, debe ser abordada con urgencia.

Por otro lado, resulta a priori paradójico cómo en los Estados Unidos, el país de tradición liberal y de libre mercado por excelencia, el entusiasmo inicial con que las nuevas generaciones de emprendedores habían saludado a Internet ha cedido recientemente ante el lobbying de los imperios del entretenimiento y de la información. Las leyes de la SOPA/PIPA, creadas para atajar el intercambio y reproducción masivos de contenidos en la web, suponen la aplicación en los Estados Unidos de agresivas políticas de censura que, ante las presiones diplomáticas norteamericanas, han tenido su eco en otros países, como España (5). La penúltima plataforma para la dinamización social y económica, ha sido así hurtada a la libre explotación debido a la presión de lobbies que detentan un poder supra-estatal.

A través de estos sucesos, el liberalismo económico se nos va revelando como una ideología de corto recorrido, destinada a satisfacer exclusivamente las pretensiones de una clase media-alta dinámica y en ascenso social (los middle-uppers). Su participación de las ideas democráticas se diluye forzosamente al alcanzar una posición de fuerza política; cuando su poder económico supera el control del Estado, puede hacer derivar la acción de éste a actuaciones que son, de hecho, anti-democráticas. No debe extrañar aquí, pues, la inminente consagración de China como primera potencia mundial: es, al contrario, la prueba de que el más capitalismo más puro y eficiente sólo puede puede ser impuesto por un gobierno autoritario. Zizek: “los comunistas que continúan en el poder desarrollan el sistema capitalista más despiadado. El éxito del capitalismo comunista chino es un signo de que el matrimonio entre el capitalismo y la democracia se acerca a su divorcio” (7).

Límites tangibles están siendo puestos al ejercicio de la libertad humana en favor de prácticas empresariales crecientemente monopolísticas. Macroconglomerados empresariales, sean estatistas o corporativos, ejercen su poder a través de las instituciones nacionales e internacionales, tanto en países democráticos como en países con otras tradiciones políticas. Es por ello que hemos comenzado nuestra aproximación marginal a la relación entre capitalismo y tecnología refiriéndonos a la sempiterna discusión sobre los límites del capitalismo, e ilustrando uno de los problemas de límites más visibles de la actualidad: la lucha por la libertad en el medio de internet, que anticipa una controversia presumiblemente larga y cuyo resultado será determinante  para el devenir del capitalismo y la democracia en las próximas décadas.

* * * * *

(*) El término cadre-capitalismo “describe cómo el socialismo chino se diluyó mientras la vasta masa de los cadres del Partido Comunista Chino (PCC) se volvieron capitalistas. Las empresas públicas del Estado fueron privatizadas, y se desarrolló una nueva clase de emprendedores. Al contrario que en Rusia y en otros países del este, en los que el colapso de la planificación estatal llevó a trastornos masivos, en China los cadres del partido comunista se volvieron emprendedores, y esos emprendedores se afiliaron al partido comunista”.

BIBLIOGRAFÍA:

(1) DELEUZE, G. y GUATTARI, F. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. 5ª edición.Valencia: Pre-textos, 2002. p. 293

(1) íbid, p. 476

(3) Anuario PNUMA: Temas emergentes en nuestro medio ambiente global. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 2011.

(4) http://www.rttnews.com/1816340/lenovo-group-q3-profit-rises-54-on-improved-margins-sales-growth.aspx

(5) Gupta, A. The rise of predatory state http://www.idsa.in/bookreview/ManagedChaos_agupta_081209

(6) The World Bank. China 2030: Building a Modern, Harmonious, and Creative High-Income Society. http://www.worldbank.org/content/dam/Worldbank/document/SR4–293-390.pdf

(7) http://www.enriquedans.com/2012/01/la-casa-blanca-anuncia-que-rechazara-sopa-y-pide-reiniciar-los-trabajos-legislativos-mientras-en-espana.html

(8) Zizek, S. The violent silence of a new beginning.
http://www.inthesetimes.com/article/12188/the_violent_silence_of_a_new_beginning/

Presentación y discusión preliminar

Es bien conocido que el capitalismo tiene una fuerte dependencia con el desarrollo tecnológico y, viceversa, que merced al capitalismo la humanidad ha disfrutado de, o sufrido, los mayores avances tecnológicos de su historia. Sin embargo, esta relación no es lineal y balanceada; no es un desenvolverse simultáneo y natural de cada uno, que más tarde fuera a revelar la coincidencia mutua. Ella no puede ser solamente narrada, ilustrada historiográficamente como conjuntos de puntos (hitos) dados cuya codeterminación es inequívoca.

El desarrollo del capitalismo y de la tecnología no son captados en toda su complejidad si se visualizan como aquel de las líneas paralelas que se cruzan en el infinito, destinos ligados ante un devenir ciego. Esta es la visión que se desprende de aquellos análisis que reducen, en mayor o menor grado, el papel de la tecnología al de motor del desarrollo económico, mientras que el capitalismo se nos presenta como el único modo de organización social capaz de dar lugar al conjunto de condiciones materiales y valores culturales desplegados por la tecnología actual. Estas visiones coquetean peligrosamente con esencialismos y reduccionismos que de ordinario conducen a valoraciones acríticas y positivistas del desarrollo tecnológico, o a condenas directas y tajantes de la tecnología como un todo. Ambas posturas, que podríamos llamar tecnomesiánicas y tecnófobas, rehúsan hacer un análisis filosófico, y aun científico, de las técnicas, instalándose en la exégesis incondicional o el rechazo radical.

Quisiéramos mostrar a lo largo de nuestra investigación que esta polarización valorativa de las técnicas, que impide el desarrollo de una crítica objetiva con pretensiones constructivistas, es debida a otra polarización subtendida a ella: aquella que se da entre las esferas técnico-productiva y cultural de la sociedad. Esta separación neta, tanto profesional como socio-cultural y académica, es una rémora para la tecnología misma, que de este modo no es captada en su verdadero ser y, con ello, es privada de su potencialidad como instrumento al servicio de la humanidad y de la propia naturaleza. Vayamos más allá: tanto las perspectivas mesiánicas como apocalípticas niegan cualquier tipo de potencialidad a la tecnología, que deviene puro acto, cosa dada, misterio religioso: profecía que se realiza al formularla. Así lo constata Gilbert Simondon:

La cultura es injusta hacia la máquina no sólo en sus juicios o prejuicios, sino también en el nivel mismo del conocimiento: la intención cognitiva de la cultura hacia la máquina es sustancializante; la máquina está encerrada en esa visión reductora que la considera como perfecta y consumada en ella misma, que la hace coincidir con su estado actual, con sus determinaciones materiales. Hacia el objeto de arte, una actitud similar consistiría en reducir un cuadro a una cierta extensión de pintura seca y resquebrajada sobre una tela extendida. Hacia el ser humano, la misma actitud consistiría en reducir al sujeto a un conjunto fijo de vicios y de virtudes, o de rasgos del carácter (1).

Nos gusta, por eso, pensar en la tecnología como campo de fuerzas penetrado no sólo por lo humano-actual, sino también por las diversas disposiciones latentes de lo humano y por los entornos ecológicos en que ellas se realizan o buscan realizarse. Creemos conveniente describir a las tecnologías contingentes como materialidades efectuadas por la combinación de diversos factores que, activadas desde lo humano-actual, lo trascienden y superan. En cierto sentido, las técnicas desarrolladas por el hombre son anteriores a él en tanto que manifestaciones de una realidad que le precede. Ellas sólo se particularizan –o concretan- según ciertas direcciones accesibles al hombre; de la misma forma, en el campo de potenciales de tal cultura humana, afloran formas técnicas que le son específicas, que le dan coherencia. Se realizan aquí y ahora, entre nosotros; la promesa de su factibilidad forma parte de un modo de funcionamiento que no nos es exclusivo.

Queremos con ello decir que la existencia de objetos técnicos se debe a potencialidades tendidas y extendidas por la naturaleza: estas potencialidades se desarrollan según mecanismos que se nos antojan familiares a lo que Deleuze-Guattari llaman agenciamientos. Pero, ¿qué es un agenciamiento? Estamos aún lejos de saberlo. Sírvanos de definición preliminar esta escueta descripción de  Deleuze: “El territorio crea el agenciamiento. El territorio excede a la vez el organismo y el medio, y la relación entre ambos; por eso el agenciamiento va más allá también del simple “comportamiento”“. El agenciamiento es “un sistema semiótico, un régimen de signos” por el cual un organismo y el medio en que vive se constituyen en territorio. Cambiar de territorio supone cambiar de agenciamiento (2).

Volveremos sobre estos conceptos. Por el momento, nos basta observar que determinados principios y condicionantes del devenir técnico pueden ser rastreados en la biología, y particularmente en la biología de poblaciones (*). En un capítulo posterior intentaremos establecer una relación analógica entre la técnica y el concepto de agenciamiento, con el fin de ilustrar ese término tan empleado hoy día, el de “sostenibilidad”.

Pensamos que nuestra comprensión de lo tecnológico es refractaria a determinismos en tanto que no admite ciegamente las tecnologías actuales como inevitables; por otra parte, considera que las condiciones culturales de una colectividad humana concreta buscan proveerse de coherencia a través de lo técnico, sin que esto impida la aparición, más o menos fortuita, de tecnologías incoherentes con las formas sociales y culturales en que se desarrollan.

Tras estos prolegómenos, entendemos que la pregunta: ¿cuál es el papel de la tecnología en la cultura?, no puede ser respondida a la ligera (y mucho menos, la pregunta sobre el supuesto destino que liga a la tecnología y el capitalismo). Sí podemos anunciar que la tecnología es decisivamente sensible a las distintas configuraciones sociales de lo humano. De la misma forma, la tecnología producida en tales o cuales condiciones anticipa, en su diseño, diversos efectos. Más allá de lo estrictamente material, los objetos técnicos refuerzan o alteran ciertas relaciones, inscriben tales valores y rompen con otros.

Sirva esta introducción para presentar la investigación que nos ocupa y que iremos ampliando en lo sucesivo, empleando este blog como “cuaderno de notas” para dar cuenta de nuestros avances. ¿Dar cuenta a quién? A quienquiera esté interesado en un pensamiento sobre la tecnología, a compañeros, amigos, managers, clubes de fútbol, a nosotros mismos.

* * * * *

(*) Así, nos parece que un ejemplo de agenciamiento es el caso recientemente célebre de las hormigas supersoldado. Científicos canadienses aplicaron hormonas a larvas de una variedad de hormigas Pheidole para obtener supersoldados, una casta rara de soldados gigantes que no se había encontrado en dicha variedad y que sólo es generada por algunas colonias ante cambios radicales en el medioambiente. Según el doctor Abouheif, ello “muestra que algo que aparece en unas pocas especies puede ser intrínseco a varias especies y que el camino evolutivo es retenido por todas ellas, aunque cerrado por la mayoría.”(3)

BIBLIOGRAFÍA:

(1) SIMONDON, Gilbert. Del modo de existencia de los objetos técnicos. 1ª edición. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007.
(2) DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Felix. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. 5ª edición. Valencia: Pre-textos, 2002.
(3)http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/01/120106_hormgas_supersoldados_ra.shtml